Lo atrevido de un pincel.
Dibujando con un solo trazo el infinito del universo donde me encuentro.
Con la mirada siempre altiva.
Escalar pretendiendo las Estrellas.
Pienso en sus ojos, tan claros y puros como el mar.
Si los riesgos del mar considerase, nadie embarcaría. Si antes de él supiera, ni el más bravo ser se enfrentaría al peligro que guardan las entrometidas olas de este dichoso mar. Moldeando cada movimiento como un pestañeo que permite apartar la vista de aquello que no queremos ver.
Vuelvo a pensar en sus ojos, pero ya nada recuerdo.
Sospecho crueldad disimulada, el alivio que la esperanza da. Esos ojos claros ya se cerraron, ese mar jamás podrá volver a ser navegado.
¿Quién te ha quitado el nombre de homicida? Pues cuando pude tenerte fui precavida y ahora que jamás te tendré soy una muerta en vida.
Esperanza, déjame volver a dormir en tu incómodo y cálido regazo. Déjame volver a sentir el dolor de tenerte y perderte una vez más.
Mantenme con aliento el tiempo suficiente como para rozar el destello de esa estrella llamada felicidad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario