¿Cómo hemos podido hacerlo? ¿Cómo hemos podido bebernos el
mar? ¿Quién nos prestó la esponja para borrar el horizonte? ¿Qué hicimos
cuando desencadenamos la tierra de su sol? ¿Hacia dónde caminará ahora?
¿Hacia dónde iremos nosotros? ¿Lejos de todos los soles? ¿No nos caemos
continuamente? ¿Hacia delante, hacia atrás, hacia los lados, hacia todas partes?
¿Acaso hay todavía un arriba y un abajo? ¿No erramos como a través de una
nada infinita? ¿No nos roza el soplo del espacio vacío? ¿No hace más frío? ¿No
viene de continuo la noche y cada vez más noche? ¿No tenemos que encender
faroles a mediodía? ¿No oímos todavía el ruido de los sepultureros que
entierran a Dios? ¿No nos llega todavía ningún olor de la putrefacción divina?
¡También los dioses se pudren! ¡Dios ha muerto! ¡Y nosotros lo hemos matado!
¿Cómo podremos consolarnos, asesinos entre los asesinos? Lo más sagrado y
poderoso que poseía hasta ahora el mundo se ha desangrado bajo nuestros
cuchillos. ¿Quién nos lavará esa sangre? ¿Con qué agua podremos purificarnos?
¿Qué ritos expiatorios, qué juegos sagrados tendremos que inventar? ¿No es la
grandeza de este acto demasiado grande para nosotros? ¿No tendremos que volvernos nosotros mismos dioses para parecer dignos de ella?
"El loco", Friedrich Nietzche.
Esto no es más que que un cambio. El cambio del lápiz y el papel por el teclado y la pantalla. El cambio de lo privado a lo no tan privado. Ese pequeño cambio que tenía ganas de hacer.
¿Por qué "El loco" de Nietzche? Porque él, al igual que yo y muchas personas, también se hizo preguntas que nunca pudo contestar. Preguntas cuyas respuestas proporcionarían un nivel de sabiduría que no podríamos imaginar y respuestas que nos cubrirían con el fino velo de la nada infinita.
Pero no estoy aquí para sufrir la angustia o sentir el placer, ese placer que antes fue dolor y ahora tanto gusta, de no poder responder las preguntas que yo misma me hago. Estoy aquí para dejar constancia de que no todo en este mundo es tan banal y frío como parece. Estoy aquí buscando el encanto que echó a volar de las personas y aún no se ha posado en la rama de lo visible; esa rama que parece estar tapada por un grueso manto de niebla que nos ciega y nos deja indiferente de todo lo que nos rodea.
Con estas palabras siento que me contradigo, pues odio a las personas y a todo lo que creen ser, pero somos parte de la Naturaleza y ésta siempre tiene algo nuevo que mostrarnos. Estoy aquí para dejar reflejada mi parte más humana, mis rarezas y mis semejanzas.
Bienvenidos a mi Yo interior.
No hay comentarios:
Publicar un comentario